viernes, 30 de mayo de 2014

La dictadura de la Programación Didáctica

Hace muchos años, en mis inicios como maestro, yo era un defensor a ultranza de las programaciones didácticas. Hoy en día, sin embargo, no lo tengo tan claro. La programación didáctica se ha convertido en la actualidad en una tirana que determina completamente nuestra labor como docentes. Acuciados por dicha programación, los docentes anteponemos llegar al final de la misma a que los alumnos aprendan. Los profesores y maestros pasamos de un contenido a otro sin profundizar en cada uno de ellos, ya que debemos cumplir estrictamente con la programación que hemos diseñado y terminarla en el plazo previsto. Así, la finalidad de la educación parece ser hoy en día terminar lo programado.
No voy a negar que programar nuestra actuación como docentes es importante, pero partimos de una premisa errónea. Se puede programar la enseñanza, desde luego, pero jamás se puede programar el aprendizaje. El aprendizaje puede surgir muchos años más tarde del momento de haberlo enseñado. Lo importante de los aprendizajes es que los conocimientos que se transmiten calen en el alumno, para que todo lo que está latente despierte de repente en el momento oportuno.
Cuando pienso en la transmisión de conocimientos no pienso en un papel que determina los objetivos, los contenidos y los criterios de evaluación. Todo lo contrario. Mi pensamiento se asemejaría más a la imagen de Aristóteles paseando con sus alumnos por Atenas. La programación didáctica ha acelerado el proceso de enseñar, lo ha hecho más vertiginoso, más veloz…, más efímero. Para que exista aprendizaje, debe  haber paciencia, lentitud, sosiego. Es decir; debe haber tiempo.
Desde el flexo de la lógica, resulta absolutamente inconcebible decir que “Los planetas” los vamos a estudiar en el aula exactamente el día 23 de abril o el 18 de octubre. Cualquier tema puede surgir en el aula en cualquier momento, y cien folios presentados a principio de curso no pueden –ni deben- determinar su tratamiento.

Hoy más que nunca, los maestros y profesores debemos replantearnos nuestra labor como transmisores de conocimiento y de cultura. Los docentes no podemos ni debemos permitir que lo secundario –lo burocrático- se anteponga a lo primordial –el aprendizaje-, porque, de lo contrario, nuestra labor como enseñantes queda absolutamente inutilizada.

4 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo contigo. Luchamos contra nosotros mismos por terminar la Programación cuando a veces sería mejor ir más con el ritmo de los alumnos. Necesitamos tiempo para que asimilen conocimientos y muchas veces no se lo damos. Gracias por tu artículo

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    1. Muchas gracias por tus palabras, Paz. La verdad es que, en ocasiones, perdidos en la vorágine del día a día, anteponemos la programación a lo programado. Pasamos por encima de los contenidos de manera superficial agobiados por el tiempo, y -de ese modo- el aprendizaje resulta imposible.

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