lunes, 26 de mayo de 2014

4 consejos para que los niños no odien la lectura

Comencé a leer de manera habitual con 19 años. Fue tras descubrir la novela “Crónica de una muerte anunciada”, de García Márquez. Hasta entonces, odiaba la lectura y a todos los libros que me obligaban a leer en el colegio y en el instituto.

Según las opiniones de muchos docentes, los alumnos –por lo general- odian la lectura. Esto se debe a varios factores. Entre los factores familiares se encontrarían principalmente la ausencia de libros en las casas y la falta de hábito lector por parte de los padres. Ambos aspectos influyen poderosamente sobre el mayor o menor interés que los menores sienten por la lectura.

En lo que respecta a la escuela, existen también algunos consejos que debemos tener en cuenta para que los alumnos no rechacen la lectura.

1. No anticipar la lectura de los clásicos.
La lectura de los clásicos es básica para una buena formación. Sin embargo, para acceder a los clásicos primero hay que tener un nivel de lectura comprensiva y un vocabulario elevado. Si introducimos los clásicos de manera precipitada, las primeras experiencias de los alumnos serán negativas.

2. Ajustar el nivel.
Cada alumno tiene un nivel de lectura, de vocabulario y madurativo particular. Elegir libros que los estudiantes no pueden comprender o que pueden resultar excesivamente complejos supone que los alumnos eviten leer. Por esa razón, tampoco podemos desestimar la lectura –por ejemplo- de cómics u otro tipo de literatura menor, ya que este tipo de lecturas puede conducir a los alumnos a interesarse por otro tipo de libros de mayor calidad.

3. No convertir la lectura en un trabajo.
La lectura debe entenderse como una actividad placentera. Convertir la lectura en un trabajo de aula hará que los alumnos entiendan las actividades de lectura como una parte más de la escuela, no de la vida. En ocasiones, es mejor hablar de los libros que pedir un trabajo escrito de tres folios. Y casi siempre, es mejor leer debajo de un árbol un día de primavera que en el aula sentado en un triste pupitre.


4. No convertir la lectura en un proceso de disección. 
Cuando vemos una película no estamos pendientes de cada uno de los aspectos técnicos. Vemos la película y disfrutamos con lo que el director nos muestra. Si después de cada película viniese una persona y nos preguntase por todos esos elementos técnicos, terminaríamos por dejar de acudir al cine. Con la lectura pasa algo semejante; es importante que los alumnos conozcan los recursos estilísticos, la estructura, la configuración de los personajes, etc., pero todo ese conocimiento no debe anteponerse al placer por leer. 

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